viernes 18/6/21

Concordia es mucho más que una bonita palabra

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Concordia es una bonita palabra, amistosa, amable… pero también es un lugar en la geografía de Pakistán, un lugar remoto y solamente accesible para aquellos que quieran adentrarse en las montañas del Karakorum, lugar donde se encuentran cuatro de las montañas más altas del planeta.

Fronterizo con la región de Xinjiang (China) y con la de Jammu/Kashmir en India, el macizo del Karakorum ocupa el noreste de Pakistán. En él se concentra un gran número de picos de más de ocho mil metros de altura incluyendo el K2, la segunda cima más alta del planeta. En sus aproximadamente 500 km de longitud se encuentra la mayor densidad de glaciares fuera de las regiones polares. Este lugar no ha pasado inadvertido a los amantes de las montañas, trekkers ávidos de disfrutar con las vistas de una región abrupta y salvaje de increíbles paisajes.

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Nuestro viaje hacia ese lugar llamado Concordia, situado en la confluencia de los glaciares Godwin Austen y Baltoro, se inició en Islamabad, capital de Pakistán. Aquí, como es natural, nos recibe el calor y las lluvias del monzón, pero no nos preocupa, las zonas a las que nos dirigiremos a continuación, no se ven afectadas por este fenómeno meteorológico que barre el subcontinente entre junio y septiembre. Tras realizar los trámites con el ministerio, rápidamente abandonamos esta ciudad, nuestra ruta discurrirá con rumbo norte, por la Karakorum Higway, la carretera más alta del mundo, que une a este país con China a través del paso Khunjerab (4.693 m). El recorrido es lento, el tráfico de camiones profusamente ornamentados es constante, pero esto nos permite ver la magnitud de esta obra y como ha sido posible su construcción en un terreno de profundos valles y abruptas laderas en continuo movimiento. Por fin llegamos a la ciudad de Skardu, tras una parada en Gilgit, capital del distrito del mismo nombre y la más grande del Baltistán, es el final de nuestro largo trayecto por la Karakorum Higway. Su proximidad a las montañas, la ha convertido en el punto de partida de todos los trekking en la zona. Aquí nos encontramos con nuestro equipo de porteadores, cocinero y guía local con los que compartiremos las diecisiete siguientes jornadas, las que nos permitirán llegar hasta Concordia recorriendo el curso del río Braldo, el glaciar de Baltoro y tras atravesar el collado de Gondogoro (5.800 m), descender al valle de Hushe y regresar al punto de partida en Skardu. Ansiosos por comenzar, dedicamos la tarde a preparar nuestros petates, repartimos pesos, dejamos lo inútil en el hotel…

Aún necesitamos de un recorrido de seis a siete horas, en pequeños jeep locales, para alcanzar el poblado de Askole (2.900 m) punto de comienzo de nuestro trekking. Este trayecto presenta los mayores problemas logísticos de toda la ruta ya que las crecidas de los ríos provocan continuos desprendimientos que barren las pistas y obligan a improvisar continuamente para poder cubrir la jornada. Hemos tenido suerte, las lluvias nos han respetado y la pista la hemos encontrado en unas condiciones más que aceptables, con la dosis justa de emoción.

Nos despertamos temprano, con un té servido en la tienda por nuestro cocinero, este será nuestro despertar durante las siguientes jornadas. Hoy es nuestro sexto día de viaje y por fin vamos a caminar. El grupo se pone en marcha, somos catorce trekkers, pero nuestro equipo alcanza el número de cuarenta personas entre porteadores, equipo de cocina, guía local y ayudantes. Una pequeña expedición que debe funcionar coordinada y eficazmente para que todo marche bien y todos lleguemos a nuestro destino.

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La ruta sigue el curso del río Braldo, que gris y tumultuoso discurre algunos metros a nuestra derecha y da la sensación de hacerlo por encima de su cauce. Jornada tras jornada de agradable caminar nos ha permitido ir ganando altura hasta alcanzar Paiju (3.637 m), en este lugar encontramos la morrena frontal del glaciar de Baltoro y desde aquí nuestro itinerario continúa por encima del mismo. Las grandes montañas empiezan a mostrar su verdadera dimensión, los glaciares laterales se unen al principal y aparecen grandes laberintos de hielo con bloques inmensos, todo se vuelve salvaje y agreste. Cuando alcanzamos Urdukas (4.062 m), el paisaje se muestra apabullante, frente a nosotros se levantan las Catedrales de la Tierra y las Torres del Trango, majestuosos macizos de roca con paredes de casi dos kilómetros de altura. Aquí disfrutamos de las últimas praderas verdes, delante de nosotros solo encontraremos hielo y rocas.

El aire es frío y ya cuesta respirar, la altura se nota, pero nuestra aclimatación es buena, hemos ascendido despacio, sin salvar a diario grandes desniveles, sin grandes esfuerzos. Estamos preparados para afrontar las próximas jornadas, las más duras pero las más bellas. En dos días más alcanzamos Concordia (4.700 m), es difícil describir tanta belleza, atrás quedó la majestuosa torre de Mustagh y frente a nosotros el espectacular panorama de las montañas más altas del mundo: K-2 (8.611 m.), Broad Peak (8.047 m.), Mitre Peak, Hidden Peak (8.068 m.) y el grupo Gasherbrum (de 7.925 m a 8.037 m.). El tiempo se mantiene bueno.

A medida que hemos ido avanzando en la ruta y hemos ido consumiendo nuestras vituallas, el peso a transportar es menor y por lo tanto nuestro grupo de porteadores ha disminuido, esto nos permitió afrontar con mayor agilidad las jornadas posteriores, al ser un grupo menos numeroso.

El buen tiempo permanece y esto nos permitió acercarnos al campo base del K2, seguimos el curso del glaciar Godwin Austen hasta alcanzar el lugar donde se instalan las tiendas de las expediciones que ascienden por las laderas de esta difícil montaña, la segunda en altura, pero de mayor dificultad y compromiso que el Everest. Estamos a mediados de agosto y las expediciones ya se han retirado, pero alcanzar este campo base es muy emocionante, en este lugar se han desarrollado grandes hazañas del alpinismo y también grandes tragedias, este hielo ha sido pisado por las más grandes figuras de este deporte.

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Muy temprano nuestro grupo se pone en marcha, nos dirigimos al campamento más alto en la ruta: Ali Camp (4.800 m), situado en el glaciar de Vigne y al pie del collado Gondogoro, cena y pronto a dormir, o al menos a intentarlo. Esta noche es corta, la altura, los nervios… a la una de la madrugada nos ponemos en marcha, debemos de tener todo el día por delante para acometer nuestra actividad y además para poder disfrutar de la salida del sol desde los 5.800 m del collado. Arnés y crampones puestos, piolet en la mano y comenzamos nuestro ascenso. La ruta está bien marcada y los escalones tallados en la nieve, estos nos permite avanzar rápidamente a la luz de nuestro frontales, vamos ganando altura. Sobre las 6h30 alcanzamos el collado, la noche ha dejado paso al sol que se va elevando. Al fondo la majestuosa pirámide del K2 con su penacho de nubes, los Gasherbrum, el Broad Peak… a nuestra espalda el valle de Hushe no se queda atrás en belleza. Pero el tiempo apremia y tras hacer cientos de fotos nos disponemos a afrontar la bajada hacia el valle, las piernas nos pesan y es el momento de no perder la concentración, cada paso requerirá de nuestra máxima atención por nuestra seguridad y por la de nuestros compañeros. La vertiente ascendida fue glaciar, la que ahora afrontamos es una inmensa pedrera. Los cables y las cuerdas fijas nos permiten movernos con seguridad y rapidez. Poco a poco descendemos. Tras diez horas de actividad llegamos a nuestro campamento en Hispang (4.950 m), el cansancio es inmenso pero la satisfacción indescriptible. Cierro los ojos y las imágenes corren con rapidez, la sensación de placer se extiende por mis venas, me duermo feliz.

En tres jornadas alcanzamos Hushe, el camino ha descendido progresivamente y el valle se ha ido abriendo. Volvemos a encontrar un núcleo habitado, a ver personas más allá de nuestro equipo, a oír niños, pájaros, a oler a hierba y ver arboles. El hielo desnudo y la roca han quedado atrás.

Los jeep nos han regresado a Skardu y al día siguiente intentamos volar a Islamabad, si hay suerte. Todo dependerá del tiempo, si hay cancelaciones el aeropuerto se colapsa y la salida se torna imposible, entonces la solución será subirse al vehículo y salir rápidamente hacia Islamabad, diecinueve horas de camino serán necesarias. ¿Que si hubo suerte? Pues lo normal: no.

Todo se desarrolla con rapidez pero con eficacia, en nuestra ruta reconocemos paisajes y pueblos por los que ya pasamos, el calor y la humedad vuelve. Una vez llegados al lluvioso Islamabad, tuvimos el tiempo justo para visitar el ministerio de turismo para las formalidades de salida y tras comer, dirigirnos al aeropuerto.

Ya sentado en el avión es el momento de repasar lo vivido en este trekking, uno de los más maravillosos que se pueden vivir en nuestro planeta. Cansado pero feliz y dispuesto al siguiente, mientras el cuerpo aguante.


Jose Antonio Masiá es fundamentalmente un viajero y un amante de la naturaleza. La montaña ha sido su pasión desde niño y esto le ha llevado a caminar por las principales montañas del planeta y a ascender a muchas de ellas. Con casi cien países visitados, lleva cuarenta años al timón de Trekking y Aventura, la agencia de viajes pionera en este tipo de actividades en nuestro país.

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